Esta joven de 22 años sabe el cambio que quiere ver y está trabajando para conseguirlo.

Actualizado: 12 jun 2020

María Roceli Dzib García sueña con un mundo donde todas las niñas puedan ejercer de manera plena sus derechos. A sus 22 años, ella ha afrontado todas las dificultades que se le han presentado y se ha comprometido a ayudar a otras mujeres a hacer lo mismo.

María Roceli es una mujer indígena nacida en Tahdziú, Yucatán, el municipio más pobre de Latino América. Ella afirma que, a lo largo de su vida, ha sufrido de mucha discriminación por su origen étnico y por su lengua materna, maya yucateco. Nueve de cada 10 personas de pueblos originarios siente que existe discriminación por su condición (INEGI, 2005). Además, ella es consciente de todas las desventajas que la demás mujeres indígenas confrontan. A parte de sufrir de discriminación por su etnia, se les priva de muchos derechos dentro de sus comunidades.

Las mujeres indígenas sufren de violencia psicológica, verbal, obstétrica, política, económica, física y sexual. Acorde a la Secretaría de Salud, una mujer es violada cada cuatro minutos en México. “El riesgo materno en los municipios indígenas con alto y muy alto índice de marginación y aislamiento geográfico-social es hasta nueve veces mayor que en los municipios mejor comunicados” (Programa Nacional de Salud 2007-2012, p. 38). Roceli ha visto esto y ha identificado una problemática que debe ser atendida urgentemente.


Roceli es una auténtica defensora de los derechos de las mujeres, niñas y niños indígenas. Actualmente la joven activista lleva a cabo vinculación comunitaria: talleres, capacitaciones, elaboración y formulación de proyectos comunitarios para mujeres indígenas. En estos, se tratan temas de derechos sexuales y reproductivos, tipos de violencia y derechos humanos. En adición, por medio de estos se trata de canalizar a aquellas mujeres que sufren de algún tipo de violencia en instituciones u organizaciones que cuenten con profesionistas expertos que trabajen con la perspectiva de genero que les puedan proveer de asistencia.

A lo largo de su vida, Roceli ha vivido la violencia de género en carne propia. Esto, combinado, con su coraje de ver a tantas mujeres violentadas, la ha convencido de que todos y todas somos seres humanos y por lo tanto también somos acreedores y acreedoras de derechos. Por lo tanto, todas y todos tenemos derecho a estar sanos y vivir dignamente. Su amor por la vida guía todo lo que hace.

Roceli lucha por que todas las niñas puedan acceder a la educación, ejercer de manera plena sus derechos y cumplir todos sus sueños y metas. Ella busca que todo ser humano pueda vivir dignamente y cree que el estado debe brindar los espacios para ello.

Ella le quiere decir a todas las niñas de México que reclamen lo que les pertenece: “Aspiren, luchen y sueñen en grande; que nunca nadie les diga que no pueden; estudien, trabajen, ocupen ese puesto laboral que tanto anhelan, disfruten de la vida, sean felices, enfrenten como mujeres en alto los obstáculos; pero nunca permitan que las violenten. El futuro y el progreso de México está en las mujeres.”

Debemos usar la historia de Roceli para inspirarnos y darnos cuenta de que todas y todos podemos y debemos actuar.